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viernes, 6 de abril de 2018

Lo que ves, sientes y te cuentan en La Habana (III)



Es domingo, en la Habana Vieja no lo parece. Por la actividad, no notas que sea un día no laborable. Esta parte de la ciudad parece que no descansa, con pequeños mercados abiertos.

Aquí es donde ves cómo se parecen los países, en lo bueno y en lo malo. Me recuerda bastante a ciertas zonas de Nueva Delhi hace 30 años. Hay basura en las esquinas de algunas calles. Las calles y viviendas muy deterioradas, pero habitadas. Por el tipo de construcción, tiempo atrás debieron albergar gentes de clase media. Hoy las habitan habaneros con pocos recursos.

María Jesús hace una observación muy inteligente, le está recordando la letra de la canción de Carlos Puebla "se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar". Efectivamente, llevan 59 años parados. En ese momento decido cambiar el título de ‘’Apuntes cubanos’’ -el relato que comencé a escribir- por el más claro de "Llegó el comandante y mandó a parar".

Y en medio de todo ese trajín habanero, te encuentras un ambulatorio (policlínico) abierto el domingo. Hablamos con el médico de guardia quien nos cuenta cómo se forman los médicos en Cuba y la función de los policlínicos en los barrios. ¿Tiene sentido que al entrar en un centro médico leas un cartel que dice Este pueblo jamás doblegará sus banderas?

Es toda una ola de sensaciones y emociones que a lo largo del día se irán posando en mi cerebro. ¿Qué quedará? ¿Qué olvidaré?, ¿Tendré la capacidad de analizar todo lo que veo y siento?

Cualquier lugar, aunque esté en ruinas, es bueno para la propaganda. Aunque sea contradictoria la consigna Revolución es Construir. Me pregunto qué efecto causan estos mensajes en la vida diaria de necesidad y supervivencia de los cubanos, mientras los carteles les hablan de dignidad y patria.

Me extrañó ver mujeres vestidas de blanco. Les pregunté si era alguna vestimenta especial y me dijeron que pertenecían a la religión yoruba (santería) y que durante un año debían vestir así porque se estaban purificando. Preferí no pedir aclaración sobre el sentido de la purificación, para evitar malos entendidos. Otras personas me dijeron que la santería se había convertido en un buen negocio.

La sorpresa te la llevas al llegar a la Plaza Vieja que es Patrimonio de la Humanidad. De repente, aparece el domingo, y entramos en otra Habana, con charangas, cubanos y turistas paseando y tomando bebidas. Músicos en cualquier lugar. El primer mundo en el tercer mundo. El fenómeno de la gentrificación, tan criticado en el capitalismo, es habitual en las zonas turísticas de La Habana. Es una cuestión de prioridades.

Si en la Habana Vieja te encuentras abandono, basura, casas y caserones en estado ruinoso habitados por vecinos, unas calles más abajo lo que ves es lo contrario: sitios cuidados, limpieza, antiguas mansiones ocupadas por bares, restaurantes, hostales, galerías de arte, tiendas y museos. El capitalismo y el castrismo se dan la mano.

Comimos en la Plaza de Armas, en otro lugar recomendado por el español del turismo sexual, para beber me pusieron un daiquirí y me recordó cuando nuestros amigos Ramón y Cristina nos enseñaron a comer con cava. Muy recomendable esto del daiquirí en la comida. Uno de los camareros de más de 60 años, hijo de gallegos, nos contó que un vasco le había dicho que en la época de Franco te mataban si hablabas en vasco (euskera). No hubo manera de que entendiese lo que habían sido las limitaciones y prohibiciones de la lengua, pero no que matasen por hablarla.

El pasado colonial está en todos los rincones: Plaza de Armas, Plaza de la Catedral, Plaza de San Francisco, Castillo de la Real Fuerza, casas con balcones de madera, catedral vieja, iglesias... Merecido título de patrimonio de la humanidad.

En la Plaza de Armas se encuentra el Palacio de los Capitanes Generales, un interesante edificio de estilo barroco, en la actualidad convertido en museo. Paseando por la sala de banderas, una vigilante/guía, se ofreció a contarnos lo allí expuesto. Vimos armamento de los mambises, cuadros de los principales líderes de la revuelta y las banderas más antiguas de la independencia cubana. La guía nos contó, que era económica (economista), pero al no poder vivir de su profesión, por la escasez de empleos, en el museo no le iba mal con el sueldo y las propinas. También nos habló de la falta de perspectivas para los jóvenes.

Cerca está la Bodeguita del Medio. Siguiendo el rito de tomar el famoso mojito, a 5 cuc, pudimos comprobar que el timo al turista había alcanzado un elevado grado de perfección. Era de los peores mojitos que he tomado en mi vida. También te encuentras echadoras de cartas, cartománticas, debidamente ataviadas y con un puro de atrezzo.

Al final del recorrido terminas en los antiguos muelles de La Habana y llegando a la entrada de la bahía, comienza el malecón.

El malecón tiene dos vidas muy diferentes. Cuando está soleado y el mar tranquilo, los habaneros, pasean, pescan, se abrazan o se sientan a charlar. Cuando hay temporal, se cierra al tráfico y se convierte en un lugar solitario, que sirve de entretenimiento a los turistas, que van a ver romper las olas contra los arrecifes, saltando el agua por encima del muro, inundando la acera y la avenida y en ocasiones llegando hasta los inmuebles situados frente al mar, una mezcla de edificios rehabilitados, casas en ruinas y nuevas construcciones. La acera que bordea el malecón está muy deteriorada, por el oleaje y el salitre. Un abandono que se verá por casi toda la ciudad.

Hacemos una parada en un local llamado Castropol y uno de los camareros nos hace una propuesta bastante sorprendente. Me muestra un video con opiniones de unos españoles, después de haber realizado una excursión a la Habana profunda (se refería al Fanguito, un barrio marginal). Pretendía llevarnos a ver la miseria donde viven los habaneros y así comprobar sus malas condiciones de vida. Le dije que no me apetecía participar en ese espectáculo y se marchó con mala cara. Empiezo a ver las diferentes formas de buscarse la vida en Cuba.

He recordado una foto del malecón antes de la revolución, donde se ve gente bien vestida y muchos coches. Supongo que no serían todos crupieres de los casinos de juego y no todos los coches serían de la mafia. Pero ahora, en diciembre de 2017, es una mezcla de casas reparadas y en ruinas y casi ningún coche.

Volvimos a la casa en un coco-taxi. Al sentir el humo entrar en los pulmones, María Jesús preguntó: ‘’¿No se preocupa el gobierno por la contaminación?’’. El conductor respondió: ‘’El gobierno aquí no se preocupa de nada’’.

Las calles Galiano y Neptuno fueron prósperas calles comerciales. Todavía se conservan restos de grandes almacenes y comercios. Algunos mantienen una cierta actividad y otros están abandonados. Galiano tiene muchos soportales, que les protegen de la lluvia y el calor del verano.

En un local con muchos puestos de zapatos tuve una charla bastante larga con dos mujeres adventistas. Una de ellas, la más joven, era una convencida. Estuvimos hablando de religión y me dediqué a cuestionar con argumentos racionales sus creencias religiosas. Les solté aquello que solía descolocar a mi madre: ‘’Creeré en el poder de la oración, el día que vea crecer el brazo a un manco’’.

Al final, la mayor de las dos que no discutía demasiado mis argumentos y en algunos momentos me daba la razón, me dijo que ella todavía no estaba bautizada. Le pedí disculpas por si le había sembrado dudas. Mientras, María Jesús que había comprado unas sandalias, le dijo a la joven algo así como ‘’claro con lo guapa que eres, seguro que tienes éxito predicando’’. Menos mal que no se me ocurrió a mí decir eso.

Texto y foto: Francisco Javier Suárez Rodríguez

2 comentarios:

  1. Muy bueno. He leído los apuntes de Francisco Javier sobre su visita a la Habana. Me parecen objetivos, sazonados con un toque de ironía. Sus observaciones del entorno, muy atinadas porque uno, que es cubano y salió de allá no hace tanto, las comparte.

    Pero lo que más me gustó fue la frase lapidaria del chofer del Cocotaxi. “El gobierno aquí no se ocupa de nada”. Magistral resumen de la realidad en pocas palabras.

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  2. Buenos días Tania, es cierto lo de que no hay peor cuña que la del mismo palo, qué lamentable y bochornoso que algunos compatriotas se lucren con la desgracia de los demás, como si ellos estuvieran fuera de todo eso, me refiero a lo de la excursión a "La Habana Profunda".
    Saludos,

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